No soy más que el reflejo de tu
odio y el prófugo de tu Edén que vilmente has castigado
Me has convertido en un ser
errante que a su vida no tiene donde acomodarle
Un viajero sin sentido, una vía sin destino, ambulante en tus sederos,
preso de tus delirios
Divago en el mundo de las
aproximaciones, sediento de lujuria y hambriento de pecado con mi alma fugitiva
y mi cuerpo condenado
¡sí condenado!
Al infierno que tú dulcemente me has
obsequiado
Ahora pagana es mi agonía, me
tienes flagelado noche y día, atado a un madero despido mis
días
y puedo apostar... que eso te produce excitación y sádica alegría
Te preguntarás el por qué me fui
de tu lecho de cuerpos desnudos, de labios siniestros
Te preguntaras el por qué me escape
de tus alas después de tener el paraíso en mis manos
Fue simplemente casualidad? una
perversa costumbre o una morbosa ansiedad?
¡No lo sé!
Pero me acostumbré a ser
el prófugo de tu edén.
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